La vida me sonríe

 

Llegué al Carpe diem embutida en cota de malla oxidada.

El tercer lugar en el podio resultó ser un vino seco (a pesar de mi diabetes mellitus) en una copa de bronce. Muy lejos del concepto de The Golden Girls (Las Chicas de Oro) en la (su) tercera edad.

De nada sirvió la mercadotecnia respecto a la religión de este Estado laico. Pero sí en cambio, la de la caja tonta y su impostada felicidad. Como la de los gordos…

Mi vida se ha compuesto de Mis. Sí…, la (también) tercera nota en la escala musical, y primera en la de valores.

Y con todas aquellas notas posesivas, tocaba de fábula con la dulce flauta, aquella nana de estropajo que hacía referencia a la estrella magnética por antonomasia.

Mi mi sol, mi mi sol…

Como en Lluvia de estrellas… Mi marido, es ahora: Mi mar ido.

Reiteraba Miantonio, mientras se retiraba del campo, que, lo suyo era un claro fuera de juego. Que la confianza del jugar en casa pone las cartas sobre la mesa. Que los tréboles van de farol. Y que no importa el color, porque la banca siempre gana.

Siete años de mala suerte desde entonces.

-Espejismo, espejismo mágico… – masculla mi voz en off frente al reflejo acristalado, cortando la tensión con una punta de diamante que nunca acabó de pulirse.

Mis líneas de expresión son impresionismo. De Monet.

¡Qué manera de desdibujarme!

Mi escritura siempre ha sido densa. No tanto así, los huesos cubiertos por esta lona que no se ciñe… Un invernadero con osteoporosis. Oreado. Eso sí.

Entrantes, primer plato, segundo plato… ¿y el tercero?

Un postre. (Tarta de frutas maduras, hecha con masa quebrada).

Cuando recuerdo a mi madre, lo hago en tomos de historia del arte. Única edición, y descatalogados.

Como ella, trabajé afanosamente para que me otorgasen El Poder. Creyéndome sumamente útil hasta lo imprescindible y más allá… Orgullosa de ser un básico; un fondo de armario.

Cuantos más años se me echaban encima, más Medallas al Mérito en el Trabajo se descolgaban, quedando obsoletas ante sus miradas extraviadas, hasta convertirse en visitas semanales. En mi casa, en el hospital, en un geriátrico…

Control rutinario. Por eso de mantener la conciencia impoluta. Esos, peyorativamente, desinteresados… Ya que, poco o mucho, todo les he dado.

No obstante, en París, yo también contemplé patidifusa desde un puente tendido y ventajoso…, cómo abrían y cerraban las esclusas, para tener más o menos caudal en el canal de Saint-Martin, en función de la embarcación que se terciase. El viaje y el espectáculo deben continuar.

Ya no quiero tener razón. Ni de una, ni de otra.

Amasé una fortuna… a buen recaudo bajo el colchón: decenas de fotos en blanco y negro, y un fajo de recuerdos a todo color.

En su día, tuve que abrir la caja de Pandora para rescatarla. Pues estaba al fondo, como Elpis (espíritu de la esperanza).

Y precisamente hoy, los Pilares de mi vida se hacen llamar: Esperanza, Dolores, y Soledad… Que también son nombres de mujer. Como lo eran Cándida, Virtudes, y Concepción.

Todo aquel futuro por delante, es apenas (a penas) un presente. Pero no negaré su condición de regalo.

Siento que mi enfoque sea el de la presbicia.

¿Borrón y cuenta nueva?

Lo primero es obvio, y lo segundo… una broma de mal gusto.

Pero ya podéis salir todos de vuestro escondite para cantarme el Cumpleaños Feliz.

Juro que me haré la sorprendida.

 

Para esto y mucho más... sígueme en Twitter @virxinite

 

 

 

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