Comerás de mi mano

El Canis lupus familiaris. Esa subespecie del lobo… creada y usada desde hace miles de años como herramienta. Por obra del ser humano, naturalmente.
Sí, el perro.
Otro de los muchos asuntos/experimentos que se nos han ido de las manos.

En la actualidad existen más de 400 millones de canes en el mundo.
Dato curioso (aunque no me sorprende). Tras miles de años como esclavo del humano, realizando trabajos para este (cazadores, cargueros, remolcadores, etc…), no hemos cesado en el empeño y la conquista, continuando con su adaptación para que sigan cubriendo nuestras necesidades y supliendo nuestras carencias (perros guía, de rescate, de guerra, pastores, policías, y un largo etcétera).
No cabe ni la menor duda de, que muchas de sus labores facilitan la vida de muchos (discapacitados), y colaboran en los quehaceres de otros (trabajadores estatales). Por poner ejemplos en donde se les otorga socialmente, el título de héroes.
Esclavos a nuestra merced, al fin y al cabo.
Tanto es así que, los hemos modificado genéticamente creando razas que se adapten mejor para el desarrollo de equis tareas.

Ya en la antigua Grecia, Jenofonte aconsejaba tratar a los esclavos como animales domésticos: castigarlos en caso de desobediencia y recompensarlos en caso de buena conducta.
Asimilando esto como normal en ambos casos, quedaba y queda a las claras el paralelismo que se hace entre esclavitud y animal doméstico.
El propio Aristóteles decía que «el diario del esclavo se resume en tres palabras: el trabajo, la disciplina y la comida». Así mismo, argumenta que «la esclavitud no puede ser impuesta, si el amo no es mejor que el esclavo», confirmando su teoría de la «esclavitud por naturaleza».

Entonces, ¿aceptamos perfectamente nuestra superioridad respecto a los «animales domésticos»?. La respuesta es más que rotunda.

Me desconciertan mucho las frases tipo «Hasta que no hayas amado a un animal, tu alma estará dormida», «El perro es el mejor amigo del hombre»… dichas por los amos de estos, y dirigidas a quienes no los poseen.
La incongruencia es tal, que a día de hoy no consigo salir de mi asombro.

¡Ah, no!, que tú lo has rescatado de un ambiente hostil y ahora ese can es un animal de compañía que, según tú, vive incluso mejor que yo…

Vuelvo a remontarme a la antigua Grecia en donde existió esta licencia para los esclavos atenienses: «En cuanto a los esclavos y a los extranjeros, disfrutan en Atenas de una mayor licencia; no se tiene allí el derecho de golpearlos y el esclavo no se apartará a tu paso».

Un paso más, pero claramente insuficiente. Deplorable.

Este presunto «buen trato» no impidió que 20.000 esclavos atenienses huyeran.

Salvando las distancias… Y a buen entendedor…

No sé si es muy acertado hacer estos símiles a modo comparativo. Porque seguramente, doy lugar a que otros individuos (con sus malas artes), le den la vuelta, tergiversen y manipulen mis argumentos. A favor de sus conciencias…
Por otro lado, comprensible.

Humanizamos a estos animales. Domesticándolos, obligándoles a seguir nuestro ritmo de vida, en la jungla de asfalto… ¿Compañía?, sí. Llevados por una correa, marcándoles cuándo y dónde defecar, colocándoles múltiples atuendos cual muñecos (muy chic, monísimo, por supuesto), innumerables son las ocasiones en las que se les ve atados a las puertas de los establecimientos comerciales (pues el amo tiene que, y va a continuar con su vida). Por no hablar de la cantidad de horas al día que están encerrados, en más o menos metros cuadrados (los dueños, por norma general, pasan jornadas de 8 horas en el mejor de los casos, trabajando). ¿Sexualidad y procreación?, eso también queda a nuestra disposición. De hecho, cuando adoptas a uno, es casi siempre requisito indispensable, esterilizar al animal. El fin es positivo, claro. Para evitar más animales domésticos/de compañía abandonados.
Pero otra vez, estamos hablando de las fechorías del ser humano y de las consecuencias de estas.

 

Les ponemos normas adaptadas a nuestra conveniencia. Normas cívicas. Para que sea compatible la convivencia entre estos animales y las personas, en la civilización.

Osadía mayúscula, cuando no conozco ni tan solo un ser humano que sea impecable con las ya establecidas para nosotros mismos.

¿Amar… le llamamos a esto?. Yo veo posesión y avaricia. Egoísmo en altas dosis.

Siempre se quiere poseer y disponer de lo bello, siempre queremos beneficiarnos. Y actuamos acorde a estos parámetros. Con disfraz en la mayoría de los casos, porque hay que darle tregua a nuestras conciencias…
Natural al ser humano, sí. Pero llamémosle a las cosas por su nombre.

Y ojo, que no estoy dictando sentencia. En cuyo caso, yo ya estaría condenada. Pues en el pasado, yo también fui verdugo. Inconsciente de mí, pero no por ello exenta de culpa…
Al margen de todo lo antes expresado, sé también de las buenas intenciones de muchos, ajenos a la obviedad que a mí (bendito el día) me azotó. En mi humilde opinión, equivocados.

Pero, «Mi perro es feliz. Se le ve en los ojos y en cómo mueve el rabo».
Qué duda cabe…

Cualquier ser al que se le doblegue la voluntad, crea una total dependencia hacia su «amo». Sin autonomía y con escasos derechos, agradeciendo hasta la más leve de las caricias.

 

Para esto y mucho más... sígueme en Twitter @virxinite

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