Posología: Coser y besar sin mesura

Diagnóstico: enferma de Odio y Pena.
No tienen porqué ir de la mano, pero en mi caso, así es cómo caminan en mi vereda central interna. Esa sí que es una relación tóxica y no esas que están de moda y de las que todos hablan…
Rara es la noche que Odio no se dé un festín en mis sueños. E igual de raro es, el día que Pena no actúe como una experta bulímica, y emplee todas sus técnicas de purga.

Tras este trienio subsistiendo con esta pareja de residentes, no sé si he tocado fondo o techo… O si levito orbitando entre ambos… Lejos de mi objetivo, de mis deseos, sin rumbo, y por tanto, con apenas esperanza  y con las fuerzas más que menguadas.
Un bucle utópico…

Pero el amor me arma de valor.
Un amor que en nada es furtivo y en todo es exclusivo.
Un amor que, cuando literalmente, llamó a mi puerta, se enraizó como perpetuo.
Un amor que inicialmente demolió toda mi cordura, dejándola reducida a escombros. Tanto fue así, que una noche paseando junto al mar, llorando desconsolada, no conseguía salir de mi incredulidad respecto a su existencia. Concluía que ese amor únicamente podría ser una creación de mi mente, de mi psique… Temía que con el fin de protegerme, pudiera haber desarrollado una esquizofrenia.
Todo eso encajaba más en mi lógica, en mi vida… que ,que algo/alguien tan extraordinario me pudiera pasar/tocar a mí. Nada se acercaba a lo mundano con ese amor. Y esa noche perdí totalmente la razón…

– Hoy, después del desalentador diagnóstico («enferma de Odio y Pena» ), ¿qué? – pregunté abatida…

– Nada está roto. Solo está descosido… De hecho, ya lo tienes hilvanado…
Dame unos segundos para enhebrar esta fina aguja. – Contestó.

– Sí, pero… – empecé a decir.

– Pero…hoy, y siempre que se dé la ocasión, lo haremos provistos de este dedal…
Y descuida, que sus hoyuelos nada tienen que ver con lo poroso de su apariencia. – Interrumpió dando el primer pespunte…

Una perfecta cicatriz cosquilleante besada por sus labios. Unos labios jubilosos por las caricias de ésta.

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